
Artículo sacado del blog Susana y Elvira
Acabo de toparme con un artículo titulado “Should You Tell Her She Got Fat?”. Los súper editores de este sitio se han quedado calvos pensando en una respuesta absoluta que resuelva el misterio, una respuesta infalible y definitiva. Y no es para menos.
Es que es una cuestión milenaria, estoy absolutamente segura de que las mujeres han torturado a los hombres con esa pregunta fatídica desde el inicio de los tiempos (incluso cuando la gordura era símbolo de belleza: “dime la verdad, estoy como un rejo, ¿cierto?). Y ningún hombre ha tenido nunca la certeza de cuál es la respuesta correcta.
Podría poner mis manos en el fuego y asegurarles que Cleopatra en algún momento le preguntó a Marco Antonio, “Amorcito, ¿te parece que estoy más gorda?”. Y el muy menso, como todos los hombres, no supo qué contestar. Titubeó, y la terminó cagando más: “como se te ocurre amorcito, si tú eres la mujer más bella del mundo”. A lo que le respondió Cleopatra con odio profundo, “eso no fue lo que te pregunté hombre insulso, pero entiendo que lo que me estás diciendo es que estoy como una marrana”. La mentira blanca de Marco Antonio seguro hizo de ese día, uno de los más negros del reinado de Cleopatra.
El meollo es que ni ellos saben qué deben responder, ni nosotras sabemos qué queremos que nos contesten. Porque cada vez que una mujer en el mundo pregunta lo que nadie quiere contestar ¿estoy gorda?, cualquier escenario es malo.
Es que hay respuestas que quisiéramos oír, pero que siempre son una vil mentira como:
- Estás bien, yo no te veo más gorda. Es más, te veo como más flaca.
- Qué va. En los cinco años que llevamos juntos no te has engordado ni medio kilo. O no se te nota.
- ¿Más gorda? Estás loca. Has perdido como 5 kilos, ¿no?
- Cuál gorda, ya ni tienes el gordito ese que me encantaba.
Y hay cosas que deberían decirnos, pero mejor que ni se les ocurra verbalizarlas:
- Si, te has engordado un huevo. Desde hoy empezamos a comer sopa y ensalada porque yo también estoy pasadito de kilos.
- Pues claro que te has engordado, es natural que no peses lo mismo que pesabas cuando tenías 15 años. Pero fresca, nos vamos de viaje y nos dedicamos a comprar ropa nueva para que no te sientas tan mal.
- Estás un poquitico más gordita pero esos kilitos te sientan… a mí me gustan con carnecita.
Y finalmente las respuestas que ellos quisieran darnos, pero que si tienen sentido de supervivencia saben que pronunciarlas lo único que haría sería activar nuevamente el Krakatoa:
- Estás gorda.
- Estás gordísima.
- Estás hecha una chancha.
- Estás hecha una vaca. Por eso ahora sólo pedimos domicilios.
- (Pasa una bola de heno…) Un combo triple carne con malteada gigante de chocolate para mí. Para ella una ensalada y una botella de agua. Sin gas.
- Ponte una sudadera y no salgas de la casa. Pareces una morcilla con esos jeans. Y quítate esas botas que pareces una morcilla en un embudo.
No existe ni existirá nunca una respuesta correcta, simplemente porque la pregunta misma debería ser prohibida por su grandísima carga de estupidez. Lo único que tenemos que aprender de este meollo milenario es:
Señora preguntona: Para qué pregunta. Usted no está buscando una respuesta, está buscando un consuelo (una mentira). No pregunte y evite que lo poco que le queda de autoestima sea destruida con una respuesta de alguien que de pronto tenga las pelotas de dársela.
Y usted señor: No caiga en la trampa. Hágase el loco y trate de no dar una respuesta directa a pesar de la insistencia. Pero eso sí, nunca, pero nunca, conteste con la verdad. Ni tampoco le vaya a preguntar que si se ha adelgazado (es otra forma de decirle que estaba gorda).
No hay comentarios:
Publicar un comentario